En junio de 1969 dos motivos tan afortunados como triviales condujeron a Mario Jiménez a cambiar de oficio. Primero, su desafecto por las faenas de la pesca que lo sacaban de la cama antes del amanecer, y casi siempre cuando soñaba con amores audaces, protagonizados por heroínas tan abrasadoras como las que veía en la pantalla del rotativo.
SKÁRMETA, Antonio. El cartero de Neruda. Editorial Sudamericana S.A. 1985, Buenos Aires. p. 13.
A partícula “lo”, negritada no texto, refere-se a