Es una de las paradojas de Nueva York, una entre tantas de sus oposiciones extremas, como la del calor y el frío, el aire acondicionado y la calefacción, la beleza y la fealdad, la opulencia y la miseria, la antipatía y la afabildad. Un vecino se te cruzará en el largo pasillo torciendo la cara, tensando el cuerpo enterro en una hostilidad física dispuesta al rechazo de toda cercanía, y otro te preguntará tu nombre y te dirá el suyo estrechándole la mano, y querrá saber de dónde vienes y cuánto tiempo piensas quedarte en la ciudad.
Fragmento de Ventanas de Nueva York, de A. Muñoz Molina.
A leitura do texto permite inferir que a cidade de Nova York