La fotografía de Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años muerto en una playa de Turquía cuando con su familia trataba de emigrar a Europa, conmovió al mundo entero. Y sirvió para que varios países europeos ampliaran su cuota de refugiados – no todos, desde luego – y la opinión pública internacional tomara conciencia de la magnitud del problema que representan los cientos de miles, acaso millones, de familias que tratan de escapar del África y de Medio Oriente hacia el mundo occidental donde, creen, encontrarán trabajo, seguridad y, en pocas palabras, la vida digna y decente que sus países no pueden darles.
(Adaptado de: LLOSA, M. V. Niño muerto en la playa. El País. Opinión. 20 set. 2015. Disponível em: <http://elpais.com/elpais/
2015/09/18/opinion/1442579286144627.html>. Acesso em: 21 set. de 2015.)
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