Lee el texto a continuación.
- Está bien cuanto vuestra merced dice - dijo Sancho -, pero querría yo saber, por si acaso no llegase el tiempo de las mercedes, y fuese necesario acudir al de los salarios, cuánto ganaba un escudero de un caballero andante en aquellos tiempos, y si se concertaban por meses, o por días, como peones de albañil.
- No creo yo - respondió don Quijote - que jamás los tales escuderos estuvieron a salario, sino a merced. Y si yo ahora te le he señalado a ti en el testamento cerrado que dejé en mi casa, fue por lo que podía suceder; que aún no sé cómo prueba en estos tan calamitosos tiempos nuestros la caballería, y no querría que por pocas cosas penase mi ánima en el otro mundo. Porque quiero que sepas, Sancho, que en él no hay estado más peligroso que el de los aventureros.
(CERVANTES, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Madrid: Alianza Editorial, S.A, 1999. p. 279.)
Sobre el diálogo anterior, es correcto afirmar que