Odontología y dolor
Desde la Antigüedad, la Odontología ha sido una práctica habitual llevada a cabo para el tratamiento de las dolencias dentales. El avance de la ciencia y de la tecnología y su aplicación en el ámbito de la salud ha propiciado que la evolución en los tratamientos se haya desarrollado de una manera vertiginosa. Numerosas pruebas documentales recogen cómo, ya en el año 3.000 a.C., los egipcios incrustaban piedras preciosas en los dientes. Posteriormente, en el año 700 a.C., fueron los etruscos y los fenicios quienes utilizaron complejas prótesis dentales de oro en las que se colocaban los dientes extraídos a animales en los lugares donde faltaban las piezas dentales. También los etruscos fueron los primeros en utilizar material para implantes, tales como marfil y conchas de mar. Posteriormente, los mayas, los incas y los aztecas utilizaron incrustaciones de piedras preciosas para ornamentar su boca.
Durante la Revolución Industrial, que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX, la mecanización hizo que los utensilios e instrumentación utilizados comúnmente en la práctica de la Odontología sufriesen una gran evolución dando paso a las últimas tecnologías que tenemos hoy en día. De manera gráfica, se puede observar la evolución que se ha llevado a cabo desde las sillas con apoyo para la cabeza, utilizadas a finales del siglo XIX, hasta los equipos dotados de la más alta tecnología que podemos encontrar actualmente en las clínicas dentales. Igualmente los instrumentos utilizados han progresado hacia formas más ergonómicas y fáciles de manejar, con menor intrusión para el paciente en comparación a los instrumentos que se utilizaban en épocas pasadas.
Desde el principio de la ciencia, se ha buscado un medio de eliminar el dolor. En marzo de 1842, en Danielsville (Georgia), el Dr. C. Williamson fue el primero en usar anestesia (éter etílico) administrada a un niño durante una operación de extirpación de un quiste en el cuello; sin embargo, solo dio a conocer esta información tiempo más tarde. Fue el odontólogo Horace Wells quien comenzó a usar el óxido nitroso como anestesia, después de habérselo visto utilizar al autotitulado profesor y químico G. Colton en sus espectáculos, que consistían en administrar este gas a voluntarios del público. La administración del gas hacía que entrasen en un estado de euforia y excitación en el que perdían sus inhibiciones, lo cual deleitaba al público. En una ocasión, uno de los voluntarios se hirió y el Dr. Wells observó que no sentía dolor. El 11 de diciembre de 1844, tras aspirar el gas, su ayudante J. Riggs le practicó la extracción de un molar, sin que Wells se quejara. Al despertar, Wells exclamó: «ha nacido una nueva era para la extracción de órganos dentales».
Mucha gente continúa experimentando terror a las agujas, sobre todo, cuando son utilizadas en un lugar tan frágil como la boca. La anestesia tópica, sin agujas, se viene utilizando desde hace décadas con algunas indicaciones de uso intraoral, particularmente con el fin de eliminar la sensación dolorosa de la infiltración de otros anestésicos locales. La aparición hace poco más de 5 años de productos anestésicos que no necesitan infiltración para ser efectivos en algunos tratamientos es el comienzo de un futuro sin pinchazos, motivo número uno que alegan los pacientes para no acudir al dentista. También cabe destacar la existencia de los tratamientos por láser que no requieren anestesia y facilitan igualmente la labor al profesional.
Adaptado de https://gacetadental.com/2012/08/la-innovacion-en-odontologia-24410/
“Fue el odontólogo Horace Wells quien comenzó a usar el óxido nitroso como anestesia, después de habérselo visto utilizar al autotitulado profesor y químico G. Colton…” (tercer párrafo).
A propósito de la forma verbal “habérselo” podemos decir: