Pesos y medidas
Por Antonio Muñoz Molina.
No lo pensamos casi nunca, pero en la capacidad de contar, medir y pesar con un máximo de precisión se basan casi todas las ventajas de nuestra vida. Como tantas cosas que se dan por supuestas, esta precisión tardó mucho en adquirirse y no ha estado al alcance de la mayor parte de las sociedades humanas. Fue la Revolución francesa la que estableció por primera vez el sistema métrico decimal, que no debió de ser en principio tan evidente y simple como nos parece ahora a nosotros, porque al cabo de más de dos siglos, todavía no ha terminado de imponerse, creándonos a los no nativos de Estados Unidos, una notable confusión mental cuando nos hablan de galones de gasolina, o cuando nos dan en libras el peso de una compra en el supermercado o tenemos que hacernos a la idea de una extensión en acres o de una distancia en yardas o pulgadas.
Necesitamos medidas que sean fiables y en las que además podamos ponernos de acuerdo automáticamente. Por eso, el sistema métrico decimal tenía en su origen una dimensión progresista, ya que desterraba la variedad inmanejable de las medidas y los pesos de cada región aislada por fronteras interiores y por diferentes señoríos del feudalismo. […] Todo esto viene a cuenta de una dificultad o una imposibilidad que noto cada vez más en la vida pública española. En ella abundan mucho las palabras, pero faltan los números, y sobre todo falta la capacidad o la voluntad de ponerse de acuerdo en los criterios de medición. La democracia, si se para uno a pensarlo, es un régimen que se basa en mediciones comprobables, ya que, dejando aparte las fórmulas de reparto de escaños de cada sistema electoral, la legitimidad del poder depende del número de votos que alcanza cada candidatura en unas elecciones. En España sabemos con garantía y con extraordinaria precisión y rapidez esas cifras. […]
Estamos en condiciones de medir hasta los millonésimos de un gramo, pero no tenemos manera de saber, por ejemplo, ni con la más grosera aproximación, cuántos ciudadanos salen a la calle en una protesta, ni cuánta gente estuvo en la célebre manifestación por la independencia de Cataluña, ni cuántos trabajadores participaron en la última huelga del Metro de Madrid, ni menos aún cuánto dinero se van a meter en el bolsillo las empresas concesionarias de los hospitales privatizados.[…] Y lo llamativo no es que cada grupo o bando o partido manipule las cifras con tan evidente descaro: es que fuera de ellos la ciudadanía parece haberse resignado a la imposibilidad de tener datos precisos y fiables, y por lo tanto a servirse de ellos para calibrar la importancia y hasta la naturaleza de los hechos.
Porque no se han hecho cuentas, ni se han exigido ni se han comprobado las que se daban, la clase política española y sus secuaces nos han llevado a la ruina, en gran parte con nuestro consentimiento pasivo. Menos palabras y más números nos harán falta para salir de ella.
Texto extraído y adaptado de la revista Muy interesante Número 382 – Marzo de 2013
En el texto, la palabra huelga, destacada en negrita significa: