Texto
Memorias de Leticia Valle
El mes de marzo ya fue diferente. En los primeros días hacía todavía un frío horroroso, pero la luz era ya de primavera y se atrevía uno a desafiarlo.
El hombre que venía a arreglarnos el jardín me había dicho que su mujer acababa de tener un niño muy hermoso, y yo había prometido ir a verle. Vivían en una huerta que cultivaban del otro lado del río, y un día, después de comer, me fui a su casa; mi tía me dio un paquete de cosillas para la mujer.
En su cocina de debajo de la campana del hogar salía ese olor purísimo de la retama quemada, y el poco de humo que se escapaba por la habitación hacía denso el ambiente. Tenían las puertas y ventanas cerradas para que no se enfriase el niño. Cuando me acerqué al rincón donde estaba la cuna, un olor más penetrante sobresalió, anulando los otros.
El pequeño, gordísimo, abotargado, se revolvía entre sus envolturas de lana. Parecía satisfecho y al mismo tiempo incómodo, pero no porque le molestase nada, sino porque luchaba con esa indecisión que tienen los niños recién nacidos. Y el olor aquel tan penetrante, me parecía que olía a su mal humor. Estuve allí mucho rato, me atracaron de pastas; al fin me marché y al salir me pareció que el frío me clavaba las uñas en los párpados y en la nariz.
Iba ya pasando el puente, hacia el pueblo, cuando vi venir hacia mí a una muchacha que parecía criada de alguna casa buena. Traía un cesto al brazo y yo pensé que iría a llevar un regalo a la mujer del jardinero.
Me fijé en ella desde un principio, pero no me di cuenta de que iba acortando el paso y maquinalmente lo acorté yo también. No sé por qué no sospeché ni un momento que ella fuese a pararse, pero al llegar cerca de ella me paré, me asomé a la barandilla, y ella también se asomó. Yo miraba el agua, pero de reojo vi que la muchacha metía la mano en el cesto y tiraba algo al río. Una, dos, tres, cuatro cosas pequeñitas cayeron al agua antes de que yo me diese cuenta: eran cuatro perritos.
Entonces me volví y vi la cara horrible de la chica. Claro que yo sabía de toda la vida que la gente tira al río los perritos que no quiere criar, pero ¡que una muchacha joven pudiera hacerlo!
(Fuente: CHACEL, Rosa. Memorias de Leticia Valle. Madri: Herce, p. 43, 2008. – retazo adaptado)
Analice las siguientes afirmaciones, en portugués, relativas al texto
I. A casa estava com as portas e janelas fechadas e o cheiro de galhos queimados impregnava a cozinha.
II. A personagem permaneceu pouco tempo naquela casa, pois o frio a fez ir embora.
III. Ao voltar para sua casa, a personagem viu quando uma garota jogava ao rio quatro cachorrinhos.
¿Cuales están correctas?