Culpar a los judíos de grandes desgracias no
es algo de lo que estemos a salvo en el siglo XXI.
Tras los atentados terroristas de 2001 en Nueva
York y Washington, corrió el rumor de que los
[5] 4.000 ciudadanos israelíes que trabajaban en las
Torres Gemelas no habían acudido al trabajo el
11 de septiembre porque se habían puesto todos
enfermos al saber que iban a producirse los ataques.
Todo vale para descalificar a quien se odia.
[10] Los Protocolos de los Sabios de Sión, “la prueba
definitiva de la conspiración judía para dominar
el mundo”, fueron una creación de los servicios
secretos zaristas, que a principios del siglo XX
intentaron con este documento desacreditar a los
[15] bolcheviques acusándoles de colaborar con los
judíos. El fraude quedó al descubierto en 1921,
cuando el periodista Philip Graves demostró en el
diario londinense The Times que Los Protocolos
eran un plagio del Diálogo en el Infierno entre
[20] Maquiavelo y Montesquieu (1864), una obra del
escritor satírico francés Maurice Joly. Sin embargo,
aún se encuentran en Internet sitios donde el
panfleto, publicado originalmente en Rusia en
1905, se presenta como auténtico.
[25] Nadie está libre de caer en un engaño de este
tipo por antipatía hacia un grupo determinado.
El fomento del odio a los judíos alcanzó su
clímax con Adolf Hitler, quien incorporó Los
Protocolos a sus discursos y se sirvió de ellos para
[30] justificar el Holocausto.
Disponível em: <http://www.muyhistoria.es/contemporanea/articulo/los-protocolos-de-sionalgo-mas-que-una-patrana-821461223753>.Acceso em: 25 abr. 2016.Adaptado.
Puede afirmarse, gramaticalmente, que