Texto I
Jóvenes en la política
Carlos Pástor Pazmiño
Desde el inicio de la humanidad, la juventud
ha impulsado la búsqueda de la verdad, ha sido
reconocida como una etapa fugaz y derrochadora de
rebeldía. La conducta de los y las jóvenes militantes
de organizaciones políticas y sociales ha marcado
importantes avances en los procesos reivindicativos
de los pueblos. A pesar de la fuerte incidencia
política de jóvenes y movimientos sociales juveniles
contemporáneos en el Ecuador y en el mundo, es
evidente que un segmento de la población, que oscila
entre los 15 años y 29 años de edad, es indiferente a
la participación política partidaria. Es posible afirmar
que la edad no es lo único que define lo juvenil, la
juventud es también una actitud política impregnada
de transitoriedad, en la que la vida parecería no
conocer límites. La juventud es más una cualidad de
creer en lo imposible, de generar esperanza frente a
la resignación.
La motivación de participar en política está dada
desde la visión de entenderla como un espacio de
reflexión para cambiar las estructuras del sistema y
aportar a la construcción de una sociedad diferente en
términos de justicia, equidad, redistribución de riqueza
y sobre todo como el espacio vital de retroalimentación
permanente vinculada con los sectores populares del
país. Es claro que la juventud es el espacio donde
construimos identidad, pero no siempre los temas
urgentes para la construcción de pensamiento crítico
y acción consciente son los primeros elementos que
tocan a nuestra puerta. Factores como consumismo,
productividad, individualismo, entre otros, ponen en
crisis la continuidad de los avances teóricos e incluso
limitan la relación con la praxis revolucionaria, es decir
que el modelo económico suprime el derroche de
rebeldía, limita la lucha social y excluye a la juventud
de este espacio activo de construcción de fuerzas
alternativas. La represión selectiva y sistémica está
detrás de un preámbulo mercantilista como la primera
oferta para jóvenes.
Hoy la definición del concepto joven no puede
dejar de lado el contexto de reformas sociales y
económicas iniciadas en la década de los ochenta,
que no sólo ha sumido a más de la mitad población
a una vida de pobreza económica sin acceso a
necesidades básicas. Los y las jóvenes son herederos
de estas reformas estructurales, de una supuesta
victoria del capitalismo como única alternativa
posible, de la democracia de mercado. La falta de
espacios públicos es únicamente la consecuencia
de su herencia. Bajo esta línea, la juventud alcanza
la categoría de fetiche; lo rebelde no se define por
una posición política sino por el consumo; la industria
cultural reproduce actitudes de la juventud ideal, de lo
políticamente correcto, de la búsqueda de la felicidad
propia y del ser “uno mismo”. La juventud se convierte
en mercancía, sublevada a un comportamiento
apolítico de consumo de cosas para ser siempre
rebeldes, pero de ningún modo, políticos.
El contexto histórico demuestra que jóvenes,
democracia, Estado y sociedad son conceptos
sistémicos heterogéneos ysin un espacio definido
de encuentro. La organización política no es ajena
a esta realidad y limita nuestra participación a la
apropiación de programas sin enfoques de edad ni de
interés juvenil. Al no encontrar espacios partidarios
que promuevan en sus agendas temas como lucha
estudiantil, soberanía de los cuerpos, derechos de
minorías sexuales, luchas de género, protección
ambiental y protección animal, entre otros, se opta
por construir espacios propios que defiendan temas
puntuales.
[...]
Las y los jóvenes políticos no se presentan como
sujetos de un calendario de la política institucional; su
agenda está marcada por la lucha en la construcción
de espacios de identificación dentro de la sociedad.
El objetivo de este joven no es alcanzar el poder, no
es obtener un puesto en la institucionalidad, es ganar
un lugar en el espacio social constituido, el respeto de
su identidad cultural, sexual, étnica, etc. El despojo
de la juventud de la participación política institucional
estatal y partidaria es también consecuencia de las
reformas neoliberales; los y las jóvenes no discuten
la agenda política “oficial”, construyen la suya
sobre la transitoriedad de sus acciones, lo que si
bien tiene el mérito de no someterse a las normas
de comportamiento preestablecidas, sufre muchas
veces de temporalidades y conquistas mediatas. El
reto está en hacer perdurable lo circunstancial.
Disponible en: . Acceso en: 10 jul. 2013. Adaptado.
“Hoy la definición del concepto joven no puede dejar de lado el contexto de reformas sociales y económicas iniciadas en la década de los ochenta, que no sólo ha sumido a más de la mitad población a una vida de pobreza económica sin acceso a necesidades básicas.” (líneas 40-45)
Teniendo en cuenta el contexto del Texto I, la expresión destacada se puede sustituir, sin perjudicar el sentido general, por