En algunas partes del mundo, el debate ético, religioso y social en torno a la eutanasia y a la "muerte asistida" es intenso; en otros lugares, en cambio, incluso hay quienes se niegan a conversar del tema por temor a que se convierta en una nueva aspiración ciudadana. Los datos que provienen de Suiza, donde cientos de personas han viajado para terminar con sus vidas son inquietantes y decidores.
Según un estudio de la Universidad de Zúrich, 611 personas viajaron con tal propósito al país europeo entre 2008 y 2012. En alguna de las cuatro clínicas que reciben a extranjeros, la mayor parte de quienes murieron fueron alemanes (268 casos), seguidos por británicos (126). Además, hubo franceses (66), italianos (44), estadounidenses (21), austríacos (14), canadienses (12) y españoles e israelíes. De todos ellos, el 60 por ciento eran mujeres y las edades fluctuaron entre los 23 y 97 años.
La mayor parte de las muertes se realizan suministrando pentobarbital sódico, una droga conocida como "píldora de la paz".
La legislación helvética no regula de forma explícita el "suicidio asistido", según especifica un artículo publicado en el Journal of Medical Ethics (Revista de Ética Médica). De esta forma, el código ético de los galenos suizos establece que se puede practicar la eutanasia cuando diagnostican que el paciente está en la fase terminal de una enfermedad o cuando su vida se encuentra cerca a su fin.
Pese a intentos de cambiar la ley, las clínicas que realizan muertes asistidas pueden operar legalmente en Suiza. Las estadísticas obtenidas por la Universidad de Zúrich mostraron que en la mitad de los casos padecían trastornos neurológicos como esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una parálisis muscular progresiva sin cura, la enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple y cáncer.
El año pasado, la Corte Europea de Derechos Humanos pidió a Suiza que clasificara sus normas luego que una mujer de más de 80 años no pudo convencer a los doctores para que la asistieran, ya que no estaba lo suficientemente enferma.
De acuerdo al sitio ruso de noticias RT, cabe señalar que la asistencia al suicidio consiste en la entrega del material necesario – habitualmente medicamentos – para su realización. A diferencia de la eutanasia, durante el suicidio asistido la actuación del profesional médico se limita a proporcionar al paciente los medios necesarios para que sea él mismo quien se provoque su muerte.
Los investigadores dijeron que el aumento del "turista suicida" ha causado un sinnúmero de debates en otros países acerca de la ética de la eutanasia. En Inglaterra, una ley pasó su primera tramitación y, en caso de ser aprobada, podría permitir que las personas con enfermedades terminales puedan recibir ayuda para morir.
De acuerdo al médico y teórico de la ética en la medicina, el británico Charles Foster, de la Universidad de Oxford, "es intelectual y moralmente incómodo que otro país haga tu trabajo sucio", dijo al diario The Independent.
(Disponible en: http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-08-23&dtB=23-08-2014%200:00:00&PaginaId=4&bodyid=9 <23 de agosto de 2014>)
El texto presenta una gran polémica acerca del turismo suicida en Suiza, la cual consiste en: