Texto – JÓVENES POBRES Y NEGROS, VÍCTIMAS
DE UNA EPIDEMIA EN BRASIL
Río de Janeiro – Tras 33 años de democracia, Brasil no ha conseguido el antídoto para combatir una epidemia que mata a sus jóvenes negros. Ellos constituyen 77 por ciento de sus 30.000 víctimas de homicidio por año, entre 15 y 29 años.
En la favela “Manguinhos” – uno de los 763 barrios pobres donde viven casi 1,5 millones (22,03 por ciento) de los habitantes de Río de Janeiro –, la pedagoga Ana Paula Gomes de Oliveira, llora uno de esos muertos.
Su hijo Jonatan, de 19 años, fue asesinado el 14 de mayo del 2014, durante un operativo de las llamadas “Unidades de Policía Pacificadora” (UPP).
“Había un confusión entre vecinos y policías pero los policías dispararon. Un tiro en la espalda alcanzó a mi hijo, que le ocasionó una hemorragia interna y falleció”, relató Gomes a “Latin America Freedom & Justice Hub” (LAFJH).
Según Gomes, esas “confusiones”, son habituales porque los vecinos “son revistados de manera violenta y están cansados de ser oprimidos, lo que termina con indignación y protestas”.
“Mi hijo quedó tirado en el suelo, todavía con vida, pero la policía no lo auxilió. Los vecinos lo llevaron a un puesto médico pero llegó muerto”, cuenta entre sollozos.
El autor del disparo, Alessandro de Souza, según informó a “LAFJH”, la Secretaría de Seguridad de Río de Janeiro, sigue con un trabajo administrativo en la UPP, mientras “aguarda la decisión judicial”.
En la investigación policial, Souza fue imputado por “homicidio culposo”.
“Mi familia quedó totalmente destruida. Todavía recuerdo los últimos momentos con él, abrazándome, besándome. Ni sé cómo conseguí seguir viviendo”, se lamenta la madre que tiene otra hija de 9 años que, afectada por la tragedia, recibe ayuda psicológica.
Para las estadísticas, Jonatan es un número más en “el país donde más se mata en el mundo”, según la organización de derechos humanos, “Amnistía Internacional”.
La opinión pública se consterna con razón, cuando ante la caída de un avión – como el más reciente, de la Germanwings – murieron sus 51 pasajeros, 16 de ellos jóvenes estudiantes alemanes.
Pero en Brasil, es como si cada día cayese un avión con 82 pasajeros jóvenes, 63 de ellos, negros.
“Conocemos esos datos pero naturalizamos el horror”, reflexiona Alexandre Ciconello, asesor de Amnistía Internacional Brasil, que impulsa la campaña “Joven negro vivo,” para concientizar sobre esa violencia.
“El perfil de gran parte de las víctimas (hombre, joven, negro), en un contexto de prejuicio y racismo, contribuye a que la sociedad no se movilice para enfrentar este problema y exija un basta. Es como si estuviésemos diciendo que algunas vidas valen más que otras”, agregó.
Jonatan – cuenta su madre – “tenía toda una vida por delante.” Cuando fue asesinado, volvía de la casa de su novia con quién soñaba una familia.
Y así lo recuerda el último día que salió de casa “alegre, saludable, con sueños,” ahora “destruidos” por una muerte “injusta” y “racista”.
“Uno ve diariamente ese racismo en las favelas. ¿La policía no tenía otros medios para dispersar un alboroto? ¿Si hubiese sido con un grupo de jóvenes de un barrio de clase social alta, de blancos, les hubiera disparando?” se pregunta.
Fransérgio Goulart, historiador y consultor de derechos humanos en comunidades pobres, cree que no.
“La juventud negra y pobre es la que más sufre abusos. La cuestión central de ese proceso es el racismo”, dice a “LAFJH,” Goulart, al denunciar lo que considera “un genocidio”, en un país donde más de la mitad de la población se declara afrodescendiente.
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(FRAYSSINET, Fabiana. Disponível em: <http://latamfjh.org/es/jovenes-pobres-y-negros-victimas-de-unaepidemia-de-violencia-en-brasil/>. Acesso em: 10 abr. 2015, com adaptações)
Dentre as opções abaixo, assinale a alternativa que apresenta a melhor tradução para a frase: “Cuando fue asesinado, volvía de la casa de su novia con quién soñaba una familia”.