La sangre derramada
¡Que no quiero verla!
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
[…]
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
[…]
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
[…]
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Disponible en: <https://www.edu.xunta.es/espazoAbalar/sites/ espazoAbalar/files/datos/1390390009/contido/310llantopor_ ignaciosnchezmejas.html>. Acceso en: 04 set. 2018.
“Sangre derramada” es un poema escrito por el gran poeta Federico García Lorca en homenaje al torero Ignacio Sánchez Mejías, en 1934.
Tras su lectura, queda claro que