Lee atentamente el texto a continuación y contesta a la pregunta.
Encontraron su cuerpo en la tina, todavía mayúsculo, aun y a pesar de todas las mutilaciones y esfuerzos por disminuirlo. Los hombres se encogen con los años, dicen. Sin embargo, el 1,78 que alcanzó en la adolescencia permaneció inalterable, como una seña de origen, igual que su sonrisa, que ni siquiera se deformó con el corrientazo fulminante del infarto. No la veía hacía 25 años. Tal vez por eso, el aroma corrosivo de las flores emancipaba el pasado con el reflejo de una verdad desfigurada por el olvido que se me atoraba en la garganta.
Rafaela siempre fue una suicida, pero no se suicidó; ella no era cobarde. Vuelvo atrás. Debería decir “Rafael”, pero digo Rafaela. Solo un alma averiada como la suya podía ir al colegio con aretes esmeralda, llevar dos lágrimas verdes y sediciosas colgando de las orejas, sin importar que el patio entero le rugiera. Lo hacía un día, dos días, tres, hasta lograr que el director llamara a sus padres: a su padre, en realidad, que era lo que a ella le importaba. Pero como su padre casi nunca estaba disponible, entonces aparecía una nueva afrenta: plumas, sombreros, paraguas, lentejuelas…
Ya hubiera querido yo ser tan excesiva. Escribo su nombre y pienso que, si tuviera que nombrarla hoy, elegiría una flor, no un animal. Una flor carnívora. Su alarde femenino era un grito, un alarido sexual que no temía entregarse al vacío ni perderse.
BAUDIN, Magela. El sonido de la H. La Paz: Santillana de Ediciones, 2015. Disponible en: https://docplayer.es/37903104-El-sonido-de-la-h-magela-baudoin.html. Acceso el: 30 septiembre 2022.
Tras la lectura, se puede afirmar que el narrador utilizó el término mayúsculo para