¡Qué desacelere! ¿Lo compro o no lo compro?
Por María Paulina Ortiz.
La mano derecha de Liliana Sánchez sacude una botella de vino tinto, la misma que solía comprar para la
cena de los viernes con su marido. ¿Lo compro o no lo compro? Esta vez, en el supermercado de
siempre, terminó por ganarle el no. "Desde que nos casamos, nos sentamos los viernes a charlar
acompañados de un buen vino – dice -. Ahora nos toca con un par de cervezas. No hay otra opción que
[5] apretar la billetera". Liliana Sánchez es graduada en psicopedagogía y hasta hace poco trabajaba en un
jardín infantil al norte de Bogotá. La despidieron por reducción de personal. Su esposo es administrador
de empresas y sigue con su ritmo habitual de trabajo, pero la crisis les ha hecho bajar el ritmo de su vida
cotidiana.
Las dos palabras que han sonado tanto durante estos últimos meses - desaceleración económica -, y que
[10] preocupan a inversionistas, a académicos y a ministros de Hacienda, también han entrado en las casas
de los colombianos.
Liliana tiene un largo listado de cambios que ha tenido que hacer. Para empezar, redujo de cinco a dos
días el servicio de la empleada. Ahora ella misma se encarga de las tareas del hogar. Su carro permanece
más tiempo estacionado en el garaje; con los altos precios de gasolina y parqueaderos, prefiere caminar,
[15] usar el tren o subirse a un ómnibus. "Ahora solo lo saco para las vueltas especiales y que sean rápidas",
dice. ¿Los taxis? Ni pensarlo. En otras áreas, sin embargo, Liliana le hace concesiones a su bolsillo. La
educación de sus dos hijas adolescentes, por ejemplo, que estudian en el colegio Alvernia. "La educación
no la toco. En eso gasto lo que haya que gastar porque reconozco su importancia", explica. Ella trata de
que las niñas no sientan la presión, pero también les ha bajado sus antojos.
[20] En las calles la desaceleración está en el aire. Alfonso Rodríguez maneja un taxi Mazda desde hace siete
años. Tiene que entregarle cien mil pesos diarios al dueño del vehículo y el resto es ganancia suya; así
que suele extender sus horarios para aumentar los ingresos. "¿Que si se siente la crisis? - dice Rodríguez,
con un tono medio irónico -. Hace unas noches quedé aterrado. Manejé de ocho de la noche a cuatro de
la mañana y solo hice una carrera. ¡Una carrera!". Rodríguez cuenta que en ese mismo lapso
[25] acostumbraba sumar unos cuarenta mil pesos. Hoy en día, y con dificultad, llega a la mitad. "Y eso que
busco los mismos sitios donde antes era bueno el trabajo, las puertas de las universidades y de los bares.
Pero casi todos salen a coger el ómnibus o el tren. No hay plata".
Para la gente el efecto más claro de la crisis es la pérdida del empleo. Dos y medio millones de
colombianos estánsin trabajo, según dicen las cifras oficiales. Y pueden ser más. Solamente en este año
[30] se han quedado sin trabajo 229 mil colombianos, la mayoría de ellos jefes de hogar.
Gustavo Ronderos es uno de ellos. Hasta hace poco era empleado bancario con una trayectoria de ocho
años. Hoy está sin trabajo y en busca de cliente para su carro y su casa. "Tengo que bajar urgentemente
mi nivel de gastos", dice. Y no solo él, sino toda su familia. Su esposa, Ana Mercedes, cuenta que cuando
pasa frente al salón de belleza donde solía ir, se concentra y repite para sí misma: no entro, no entro, no
[35] entro."Ahora me peino en la casa, con mi secador", comenta. Cuando hace mercado ya no sa
le ni con la
mitad de bolsas que antes. Y ni pensar en comer carne todos los días.
Cuidar cada centavo es el mandato. Por eso hasta las propinas en los servicios a domicilio y las monedas
en los semáforos están de capa caída.
Texto adaptado del periódico colombiano “El Tiempo” - 13/05/2009 - Sección “Vida de hoy” www.eltiempo.com.
En algunas oraciones del texto, la autora utiliza metáforas o lenguaje figurativo para expresar sus ideas. Analice con atención la tabla de correspondencias:
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