EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA
(Fragmento)
“Ya no quedaba en la casa nada que vender, salvo el reloj y el cuadro. El jueves en la noche, en el último extremo de los recursos, la mujer manifestó su inquietud ante la situación.
– No te preocupes – la consoló el coronel –.
Mañana viene el correo.
Al día siguiente esperó las lanchas frente al consultorio del médico...
El administrador postal abrió el saco.
Entregó al médico el paquete de los periódicos.
Luego desgarró el sobre de la correspondencia privada, verificó la exactitud de la remesa y leyó en las cartas los nombres de los destinatarios...
El médico se dispuso a leer dos cartas personales. Pero antes de romper los sobres miró al coronel. Luego miró al administrador.
– ¿Nada para el coronel?
El coronel sintió el terror. El administrador se echó el saco al hombro, bajó el andén y respondió sin volver la cabeza:
– El coronel no tiene quien le escriba.
Contrariando su costumbre no se dirigió directamente a la casa. Tomó café en la sastrería mientras los compañeros de Agustín hojeaban los periódicos. Se sentía defraudado. Habría preferido permanecer allí hasta el viernes siguiente para no presentarse esa noche ante su mujer con las manos vacías. Pero cuando cerraron la sastrería tuvo que hacerle frente a la realidad. La mujer lo esperaba.
– ¿Nada?– preguntó.
– Nada – respondió el coronel.
El viernes siguiente volvió a las lanchas. Y como todos los viernes regresó a su casa sin la carta esperada. Ya hemos cumplido con esperar, le dijo esa noche su mujer. Se necesita tener esa paciencia de buey que tú tienes para esperar una carta durante quince años.
El coronel se metió en la hamaca a leer los periódicos.
– Hay que esperar el turno – dijo –. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés.
– Desde que estamos esperando, ese número ha salido dos veces en la lotería – replicó la mujer.
El coronel leyó, como siempre, desde la primera página hasta la última, incluso los avisos. Pero esta vez no se concentró. Durante la lectura pensó en su pensión de veterano. Diecinueve años antes, cuando el congreso promulgó la ley, se inició un proceso de justificación que duró ocho años. Luego necesitó seis años más para hacerse incluir en el escalafón. Ésa fue la última carta que recibió el coronel”.
Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba, Alianza Editorial, S.A., Madrid, 1995.
De acuerdo con el texto, se puede inferir que la situación precaria en la que se encuentra el coronel retirado es consecuencia