La senda del cante jondo
[1] Ya sea cantado de manera espontánea
desde un balcón o interpretado ante una mul-
titud que agotó las localidades en una sala de
conciertos, el flamenco – ese arte andaluz de
[5] zapateado entrecortado y expresión íntima y
dolorida de los sentimientos – es erótico, ele-
mental y rebosa carácter. Un lugar excelente
para buscar el alma del flamenco es Granada,
una bulliciosa y sofisticada metrópoli que ani-
[10] da ante el ojo protector de la Alhambra, el an-
tiguo complejo de palaciego y fortaleza.
Granada es una vigorosa mezcla de cultu-
ras, sol y el placer desbordante de la comida,
el vino y la conversación. Los que buscan el
[15] flamenco invariablemente terminan en El Al-
baicín, el antiguo barrio islámico de Granada,
un laberinto de calles estrechas. Aquí encon-
trarás alojamiento, Casa del Capitel Nazarí,
un hotel boutique de 17 habitaciones en un
[20] inmueble del siglo XVI.
“Para las mejores interpretaciones de fla-
menco aún debes escarbarle para averiguar-
lo”, aconseja Ann Mingorance, una neoyor-
quina que por décadas ha estado yendo a
[25] Granada con Manuel, su esposo de origen
español. Asegúrate de revisar los programas
patrocinados por el gobierno, pero también
haz un alto para solicitar la información com-
pleta y actualizada que ofrecen en Carmen de
[30] las Cuevas, una escuela de flamenco ubicada
en el complejo de cuevas cerca de la parte al-
tadel Albaicín. “Y si están presentando algo
en La Chumbera, no te lo pierdas”, recomien-
da. Entre los lugares de flamenco más céle-
[35] bres del área, La Chumbera ofrece algunas
de las interpretaciones de mayor autenticidad
que puedas hallar; y tras el escenario, te ofre-
ce una vista majestuosa de la Alhambra, des-
lumbrante en sus galas vespertinas.
[40] En el verano, hay presentaciones de fla-
menco en los patios de la Alhambra, una ma-
ravilla de devoción y diseño islámicos, un
complejo despliegue de edificios cuya confi-
guración oculta la interacción de luces, som-
[45] bras y espejos de agua.
Casa Julio, un diminuto bar escondido en
un callejón lateral lejos de la Plaza Nueva, es
el sitio obligado para las tapas. Asegúrate de
probar la berenjena frita, la especialidad an-
[50] daluza. Por último, para rendir culto a la histo-
ria (¡por supuesto!), una relajante zambullida
en los baños árabes a los pies del Albaicín es
el final idóneo.
(Fuente: Revista National Geographic Traveler en Español. Vol.1, núm.6. 2008. México. p.93)
Segundo o contexto, as palavras balcón (l. 2), rebosa (l. 7) e zambullida l. 51), traduzem-se, respectivamente, por