La falta de educación mata
Cada vez existen más evidencias de que el bienestar y el
buen estado físico no dependen sólo de la Sanidad en sí misma,
de cuántas revisiones nos hagamos al año, qué tratamientos
sigamos, o a qué hospital vayamos, sino de que, en realidad,
[5] todo está conectado, y aspectos que a priori pueden no parecer
estrictamente sanitarios, tienen también un importante efecto
en la esperanza de vida de las personas.
Un clásico en la Salud Pública es la teoría que relaciona el
nivel educativo de una persona con su estado de salud: cuánta
[10] más educación haya recibido alguien, más sano estará, y esto
repercutirá en muchísimos aspectos de su vida. Ahora, un
estudio realizado en Estados Unidos y publicado en la revista
PLOS ONE pone números a esta teoría, y señala las muertes que
se pueden atribuir a un bajo nivel educativo. Las cifras
[15] resultantes son, cuanto menos, llamativas, tanto que los
investigadores afirman que la falta de educación puede ser tan
dañina como fumar. “El estudio llama la atención por el gran
volumen de datos analizados, y sus conclusiones son muy
sólidas”, opina Antoni Trilla, jefe de epidemiología del Hospital
[20] Clinic de Barcelona.
Las conclusiones son que, si en 2010, los estadounidenses
que no habían terminado el instituto lo hubieran acabado, se
podrían haber salvado 145.243 vidas. Para llegar a esta cifra, los
autores calcularon primero el número de muertes entre
[25] personas que no habían finalizado el instituto, y después, las
muertes que habrían ocurrido entre esas mismas personas si
tuvieran las mismas cifras de mortalidad que el grupo que sí
había completado esta etapa educativa. La diferencia entre
ambas cifras es el número de vidas que, potencialmente, se
[30] podrían haber salvado.
Para Ildefonso Hernández, catedrático de Medicina
Preventiva y Salud Pública en la Universidad Miguel Hernández
y presidente de SESPAS (Sociedad Española de Salud Pública y
Administración Sanitaria), los investigadores “han hecho un
[35] cruce bastante exhaustivo, sin ningún sesgo importante, y
consistente con algunos estudios anteriores”.
A pesar de que la evidencia existente señala que una parte
de la asociación entre muertes y educación puede ser casual,
“una mejor educación se asocia a una vida más larga, porque
[40] aquellos que tienen mayor nivel educativo son más propensos a
tener los recursos y el conocimiento para seguir unos
comportamientos más saludables, ganar más dinero y vivir con
menos estrés crónico”, explica a EL MUNDO Patrick Krueger,
uno de los autores de la publicación.
[45] “El nivel educativo que una persona alcanza se relaciona
con su nivel de alfabetización y su nivel de conocimiento de la
salud, y eso está vinculado con sus conductas: a mayor nivel
educativo, mejor nutrición, se hace más ejercicio y se consumen
menos drogas”, relata Hernández, que pone como ejemplo una
[50] investigación en la que se estudiaba la epidemia de droga de los
años 80, en la que se vio que el riesgo de contagiarse de VIH era
mucho mayor entre los drogodependientes que tenían menos
educación, ya que, por ejemplo, “eran más propensos a
compartir jeringuillas que quienes habían estudiado más”.
[55] Así, la educación repercute en nuestra actitud frente a la
salud: “con una mejor educación mejora la respuesta frente a la
enfermedad: el paciente tiene una mayor adherencia a los
tratamientos y a las pautas terapéuticas”, cuenta Hernández.
Además, las repercusiones sociales de la educación son
[60] amplísimas: una mejor formación está ligada a un mejor
trabajo, y por tanto, a un mejor salario. De hecho, según cifras
de UNICEF, un año extra de educación se traduce en un
aumento del 10% en los ingresos de la persona.
Salud en todas las políticas
[65] El hecho de hablar de muertes atribuibles a una baja
educación revela la importancia de lo que los salubristas llaman
“salud en todas las políticas”, es decir, ser conscientes de que
prácticamente todo tiene el potencial de impactar en la salud
humana. “La magnitud de nuestras estimaciones confirman la
[70] importancia de considerar la educación como un elemento
clave de la política sanitaria estadounidense”, puede leerse en
las páginas de PLOS ONE. “Si queremos hacer una verdadera
promoción de la salud, un aspecto clave es la educación”,
apunta Trilla.
[75] Aunque el estudio está hecho en Norteamérica, en España
también tendría validez, al menos, en el enfoque: “Una política
dirigida a asegurar que no hubiera abandono escolar tendría,
además de unas repercusiones sociales obvias, unos efectos en
la salud extraordinarios”, opina Hernández. Sin duda, en
nuestro país, donde el porcentaje de jóvenes que no continúan
estudiando más allá de la etapa obligatoria es del 21,9% (una
cifra que dobla la media de la UE), habría mucho margen de
mejora.
Mientras tanto, en todo el mundo, el 10% de los niños no
[85] reciben ni la formación más básica -la educación primaria-, lo
que evidentemente repercute en su salud, ya que, tal y como
dice Hernández, “el nivel educativo contribuye a no perpetuar
la pobreza y las malas condiciones de vida”. Una vez más, un
dato de UNICEF puede servir de guía: si todos los niños del
[90] mundo pudieran, no ya ir a la Universidad, sino simplemente
aprender a leer, 171 millones de personas menos vivirían en la
pobreza absoluta.
(Clara Marín. Madrid. Actualizado:09/07/2015 03:45 horas.)
A continuación leerá algunas afirmaciones respecto a la propuesta final del texto frente a los datos de UNICEF.
I. Que los niños del mundo aprendan a leer.
II. Es importante que todos vayan a la universidad.
III. Que se garantice la educación primaria a todos los niños.
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