¿Está todo en Internet?
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La expresión “todo está en Internet” ha venido a sustituir al clásico “todo está en los libros”.
Y seguramente sea cierto: si no “todo”, “casi todo”. Circula, además, la idea de que buscar en Internet es fácil. Basta escribir la palabra clave en el buscador adecuado y hacer un clic para obtener mucha información. Lo que ya no se dice tanto es que toda esa información, indiscriminada y desordenada, exige dedicar mucho tiempo a la consulta, selección y ordenación, y no siempre con resultados satisfactorios. Por no hablar de los problemas de acceso que plantean las redes de conexión y la incompatibilidad de programas.
La antigua “tecnología libro” ha resuelto estos problemas hace mucho tiempo: los libros están siempre ahí, a mano en su estantería, listos para ser consultados. Y los contenidos perfectamente ordenados en enciclopedias, diccionarios, manuales o libros de consulta de una u otra materia, y en el caso de los libros infantiles, ajustados a los diferentes niveles de aprendizaje. ¿Vamos hacia la desaparición de los libros informativos? Posiblemente sí. Pero no parece que esto vaya a suceder de forma inmediata. De momento, y a la vista de las numerosas novedades que encontramos cada temporada, los editores siguen apostando por la edición en papel. Y de ello podemos encontrar muy buenos ejemplos. Es el caso de las enciclopedias convencionales sobre ciencias naturales pensadas para niños de 6 a 9 años. En su mayoría presentan un planteamiento muy visual, con textos breves que combinan lo informativo con lo anecdótico. De esta manera, se asegura una amena y fácil lectura, al mismo tiempo que el carácter temático de sus volúmenes permite una consulta muy accesible.
Unos conocimientos que, por otra parte, otras colecciones relacionan siempre con la convivencia y la sostenibilidad, en unos bonitos libros, bien documentados e ilustrados, que transmiten una desenfadada pero respetuosa visión de la vida y del mundo en que vivimos. A través de estas atractivas enciclopedias y colecciones de geografía, ciencia y valores sociales podremos comprobar cómo, aunque la red conquiste cada vez más a los usuarios, la información más fiable, divertida y manejable para los niños sigue estando en los libros.
La antigua “tecnología libro” ha resuelto estos problemas hace mucho tiempo: los libros están siempre ahí, a mano en su estantería, listos para ser consultados. Y los contenidos perfectamente ordenados en enciclopedias, diccionarios, manuales o libros de consulta de una u otra materia, y en el caso de los libros infantiles, ajustados a los diferentes niveles de aprendizaje. ¿Vamos hacia la desaparición de los libros informativos? Posiblemente sí. Pero no parece que esto vaya a suceder de forma inmediata. De momento, y a la vista de las numerosas novedades que encontramos cada temporada, los editores siguen apostando por la edición en papel. Y de ello podemos encontrar muy buenos ejemplos. Es el caso de las enciclopedias convencionales sobre ciencias naturales pensadas para niños de 6 a 9 años. En su mayoría presentan un planteamiento muy visual, con textos breves que combinan lo informativo con lo anecdótico. De esta manera, se asegura una amena y fácil lectura, al mismo tiempo que el carácter temático de sus volúmenes permite una consulta muy accesible.
Unos conocimientos que, por otra parte, otras colecciones relacionan siempre con la convivencia y la sostenibilidad, en unos bonitos libros, bien documentados e ilustrados, que transmiten una desenfadada pero respetuosa visión de la vida y del mundo en que vivimos. A través de estas atractivas enciclopedias y colecciones de geografía, ciencia y valores sociales podremos comprobar cómo, aunque la red conquiste cada vez más a los usuarios, la información más fiable, divertida y manejable para los niños sigue estando en los libros.
O texto aponta que a informação que aparece nas enciclopédias é