Soledad, una nueva epidemia
Una de cada tres personas se siente sola en la sociedad de la hiperconexión y las redes sociales. ¿Qué está fallando?
John T. Cacioppo / Stephanie Cacioppo
Reflejo en una ventana de Altamira\' (Caracas), del fotógrafo Christopher Anderson. Magnum
Cualquiera puede padecer soledad crónica: un chico de 12 años que se traslada a un colegio nuevo; un joven que después de
crecer en un pueblo se siente perdido en la gran ciudad; una ejecutiva que está demasiado ocupada con su carrera para mantener
buenas relaciones con sus familiares y amigos; un anciano que ha sobrevivido a su cónyuge y cuya mala salud le dificulta ir
a visitar a nadie. La generalización del sentimiento de soledad es asombrosa. Varios estudios internacionales indican que más
de una de cada tres personas en los países occidentales se siente sola habitualmente o con frecuencia. Un estudio de 10 años
que iniciamos en 2002 en una gran área metropolitana indica que, en realidad, esa proporción se aproxima más a una de cada
cuatro personas en algunas zonas, una cifra que sigue siendo muy alta.
La mayoría de estas personas quizá no son solitarias por naturaleza, pero se sienten socialmente aisladas aunque estén rodeadas
de gente. El sentimiento de soledad, al principio, hace que una persona intente entablar relación con otras, pero con el tiempo
la soledad puede fomentar el retraimiento, porque parece una alternativa mejor que el dolor del rechazo, la traición o la
vergüenza. Cuando la soledad se vuelve crónica, las personas tienden a resignarse. Pueden tener familia, amigos o un gran
círculo de seguidores en las redes sociales, pero no se sienten verdaderamente en sintonía con nadie.
Una persona que se siente sola suele estar más angustiada, deprimida y hostil, y tiene menos probabilidades de llevar a cabo
actividades físicas. Como las personas solitarias tienden más a tener relaciones negativas con otros, el sentimiento puede ser
contagioso. Las pruebas biológicas realizadas muestran que la soledad tiene varias consecuencias físicas: se elevan los niveles
de cortisol —una hormona del estrés—, se incrementa la resistencia a la circulación de la sangre y disminuyen ciertos aspectos
de la inmunidad. Y los efectos dañinos de la soledad no se acaban cuando se apaga la luz: la soledad es una enfermedad que
no descansa, que aumenta la frecuencia de los microdespertares durante el sueño, por lo que la persona se levanta agotada. El
motivo es que, cuando el cerebro capta su entorno social como algo hostil y poco seguro, permanece constantemente en alerta.
Y las respuestas del cerebro solitario pueden servir para la supervivencia inmediata. Pero en la sociedad contemporánea, a
largo plazo, tiene costes para la salud.
Los familiares y amigos suelen ser los primeros en detectar los síntomas de soledad crónica. Cuando una persona está triste e
irritable, quizá está pidiendo en silencio que alguien la ayude y conecte con ella. La paciencia, la empatía, el apoyo de amigos
y familiares, compartir buenos momentos con ellos, todo eso puede hacer que sea más fácil recuperar la confianza y los
vínculos y, en definitiva, reducir la soledad crónica. Por desgracia, para muchos hablar con franqueza sobre la soledad sigue
siendo difícil, porque es una condición mal comprendida y estigmatizada. Sin embargo, dada su frecuencia y sus repercusiones
en la salud, tendría que estar reconocida como un problema de salud pública.
¿Las redes sociales pueden abrir nuevas vías para conectar con los demás? Depende de cómo se usen. Cuando la gente utiliza
las redes para enriquecer las interacciones personales, pueden ayudar a disminuir la soledad. Pero cuando sirven de sustitutas
de una auténtica relación humana, causan el resultado opuesto. Muchas personas solas tienden a considerar las redes sociales
como refugios relativamente seguros para relacionarse con los demás. Como en el ciberespacio resulta difícil juzgar si los
otros son dignos de confianza, la relación es superficial. Además, una conexión a través de Internet no sustituye a una real.
Cuando un niño se cae y se hace daño en la rodilla, una nota comprensiva o una llamada a través de Skype no sustituye al
abrazo consolador de sus padres.
(Disponible en: http://elpais.com/elpais/2016/04/06/ciencia/1459949778182740.html. Adaptado. Accedido el 10/04/2016)
El sustantivo ‘dolor’ (línea 10) es masculino en español.
¿Qué otros sustantivos presentan el mismo género que ‘el dolor’?