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DEMOCRACIA Y SALUD: LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA TAMBIÉN PUEDE AYUDAR A SANAR
“Durante la crisis del coronavirus, las decisiones de las autoridades se tomaron muy deprisa”, señala Siiri Ann
Doka. Tal vez demasiado rápido para que los ciudadanos y los pacientes pudieran involucrarse. Siiri Ann
Doka es responsable del seguimiento de las políticas sanitarias en la asociación nacional alemana de grupos
de “autoayuda”, unas células de autoayuda para pacientes crónicos o personas con discapacidad. Su objetivo
[5] es fomentar la participación de la población afectada en las políticas sanitarias.
La asociación nacional de grupos de autoayuda existe desde hace más de 50 años. Desde 2004 actúa
igualmente como representante de los pacientes en el Comité Federal Mixto que toma las decisiones
relativas al sistema de salud: organización y coste de la atención médica, evaluación de los medicamentos y
tratamientos reembolsados por los seguros de salud, etc. No obstante, únicamente los representantes de los
[10] médicos, de las compañías de seguros médicos y de los hospitales tienen derecho a voto en dicho comité.
Los representantes de los pacientes y los usuarios de la atención sanitaria solo poseen capacidad consultiva.
Incluso con tales conocimientos y experiencia de participación, en Alemania, al igual que en otros países, la
respuesta a la crisis provocada por la pandemia de covid-19 se decidió en gran medida sin la participación
de las organizaciones de pacientes. “En una situación de crisis, volvemos a las viejas costumbres”, señala
[15] también Valéry Ridde, director en el Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD).
Otros países desarrollaron, hace ya varias décadas, respuestas participativas a las cuestiones de salud. “En
1971, Quebec adoptó una profunda reforma de su sistema de salud, con la puesta en marcha de una red de
sanidad pública y servicios sociales. Mediante dicha reforma se creó asimismo un nuevo tipo de institución:
los centros locales de servicio comunitario, o CLSC”, explica Anne Plourde, investigadora del Institut de
[20] recherches et d’informations socio-économiques du Québec y de la Universidad York de Toronto.
A partir de los años 1990, el Gobierno empezó a fusionar tales centros con otros tipos de instituciones,
como las residencias de mayores. La representación democrática en la red ha desaparecido”, lamenta Anne
Plourde. Las autoridades han justificado esta recentralización por el ahorro de costes. “Pero los estudios
fueron unánimes a la hora de constatar las desastrosas consecuencias de la centralización”. Y como el virus
[20] va mucho más rápido que la burocracia, “esto ha planteado problemas considerables durante la pandemia”,
añade la investigadora.
Adaptado de: equaltimes.org. Accedido en 11 sep. de 2023.
El ejemplo de Quebec al final del texto evidencia que las prácticas democráticas en la salud están: