Hoy en día la noción de biometría está asociada más bien a lectores de iris, palmares, o cualquier otro tipo de instrumento ultratecnológico de identificación. Sin embargo, la biometría tiene miles de años. Ya en épocas anteriores a Cristo, los chinos identificaban vasijas y obras de arte para marcar la propiedad dejando en la arcilla su huella, más allá de la firma. “No es que se haya descubierto algo nuevo, ya había culturas que la trabajaban hace tiempo. Lo que pasa es que se le dio carácter científico una vez que se pudieron hacer los cálculos necesarios de que eso es fiable y que hoy en día no se ha encontrado una huella dactilar igual a otra”, explicó Pedro Janices, director de la Oficina Nacional de Tecnologías de Información (ONTI), de Argentina.
La biometría contempla todos aquellos rasgos humanos que pueden ser mensurados y verificables. Por ejemplo, la huella dactilar, el iris, el rostro, la oreja, la dentadura, las venas que van dentro de la mano. El fin es uno: afirmar que una persona es una y no otra, que solamente uno tiene esos rasgos. En una sola palabra: identificar.
Janices señaló que hoy por hoy, al menos en Latinoamérica, tiene una gran cantidad de usos, como por ejemplo los aspectos civiles: poder garantizarle al ciudadano una única e irrepetible identidad.
El avance de las técnicas biométricas para seguridad en el mundo despertó algunos resquemores en cuanto a la legalidad de las iniciativas por la posibilidad de que atenten contra la privacidad y los derechos particulares. Por ejemplo, en Europa este tipo de registros se vio al principio como algo privativo para la persona “Con el tiempo entendieron que uno deja la huella dactilar en todas partes: en la taza, en el celular, en la computadora, etc. “, dijo Janices.
En ese sentido, Argentina está muy acostumbrada a la biometría. “Todos han sacado la biometría como forma de identificación”, señaló el director del ONTI. Desde la creación de la Ley 17671/68, de identificación, registro y clasificación del potencial humano nacional, se estipula que para registrar a los ciudadanos argentinos se deben tener ficheros patronímicos (apellido, nombre, fecha de nacimiento, padre, madre), numéricos y dactiloscópicos al estilo Vucetich (huellas dactilares, imagen facial) u otro que la evolución de la técnica sugiera.
Fue Juan Vucetich, croata de nacimiento y nacionalizado argentino, el primero que a nivel mundial hizo que una prueba biométrica pudiera ser judicializable. En un caso policial demostró la culpabilidad de una madre que había matado a sus dos hijos al identificar una huella dactilar en un marco de una puerta con la de la sospechosa. Pudo así comprobar que la persona estuvo efectivamente en el lugar del crimen.
Revista DEF, agosto de 2012 (Adaptado)
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