Responde la pregunta de acuerdo con el siguiente texto:
LA AGONÍA DEL PROFESOR
Siempre ha sido difícil ser profesor. En Roma, había pedagogos que eran esclavos; en Portugal, en el siglo XVIII, el poeta Nicolau Tolentino dijo que no existía destino más triste que el de “maestro de niños”. De forma que las dificultades actuales no deben abrumar a los que trabajamos en la enseñanza: quien da clases suele terminar crucificado en la triste pizarra educativa, pero, al mismo tiempo, surgen alumnos, situaciones, que todos los días nos resucitan. Enseñar: vaya esperanza tan desesperada. No obstante, aunque instruir siempre haya sido una lucha, una agonía, existen hoy en día problemas nuevos, nuevas heridas sentidas por los profesores en su propia carne.
En primer lugar, el desprestigio del conocimiento. Y esto porque la educación ya no es un seguro ascensor social. Se trata más bien, en numerosos casos, de un garaje donde los padres aparcan a sus hijos. Claro que sigue habiendo colegios, universidades, normalmente caros y de difícil acceso, que te llevan a la antecámara de la cúspide. Sin embargo, muchas instituciones de enseñanza funcionan como un limbo donde todos, alumnos, funcionarios y profesores, tenemos algo de monigotes representando, en un teatrillo de titiriteros, una farsa sin ninguna gracia. Y, en este ambiente, resulta natural que el maestro se sienta un vendedor de enciclopedias a domicilio, de estos que antes trotaban por escaleras y rellanos. El desinterés de algunos estudiantes, sus miradas vacías, opacas, dan un sonoro portazo a nuestras buenas intenciones pedagógicas.
En primer lugar, el desprestigio del conocimiento. Y esto porque la educación ya no es un seguro ascensor social. Se trata más bien, en numerosos casos, de un garaje donde los padres aparcan a sus hijos. Claro que sigue habiendo colegios, universidades, normalmente caros y de difícil acceso, que te llevan a la antecámara de la cúspide. Sin embargo, muchas instituciones de enseñanza funcionan como un limbo donde todos, alumnos, funcionarios y profesores, tenemos algo de monigotes representando, en un teatrillo de titiriteros, una farsa sin ninguna gracia. Y, en este ambiente, resulta natural que el maestro se sienta un vendedor de enciclopedias a domicilio, de estos que antes trotaban por escaleras y rellanos. El desinterés de algunos estudiantes, sus miradas vacías, opacas, dan un sonoro portazo a nuestras buenas intenciones pedagógicas.
En el fondo, el profesor, con sus propuestas de esfuerzo y superación, se enfrenta a la omnipotente sociedad del ocio, que tumba a sus alumnos dejándolos despatarrados en un sofá o una cama, bajo la poderosa hipnosis de las pantallas de un móvil, de un ordenador o de la televisión. Es como si cada maestro fuera un Jesús que tuviera que resucitar a Lázaro. Pero nosotros no somos Cristo, y muchas veces lo que pasa es que la muerte cultural de nuestros estudiantes nos mata también. Por lo menos nos deja por los suelos, arrastrándonos de regreso a casa. Y todo esto, que es trágico, resulta cómico: por ejemplo, ver cómo algunos jóvenes han desarrollado un extraño parkinson en su mano diestra, que casi tiembla sobre el pupitre, deseando los paisajes de su teléfono móvil, censurado por el maestro.
Pero no caigamos en la tentación de condenar los nuevos medios. Sócrates, en el diálogo platónico Fedro, medita sobre los peligros de la escritura, que considera inferior al intercambio oral; casi dos mil años después, en Fuenteovejuna, Leonelo y Barrildo, dos personajes de Lope de Vega, discuten la utilidad de la imprenta. Hoy en día, sabemos que escribir es una maravilla cotidiana y que la tipografía ha multiplicado casi infinitamente los mundos de este mundo. El problema es que, cuando un nuevo medio nace, el estallido de su big bang genera un caos, una confusión, que siembra la duda y el debate. Creo que, si logramos disciplinarlas, las nuevas tecnologías tendrán efectos muy positivos. […]
tecnologías tendrán efectos muy positivos. […] Fuente: https://www.lavanguardia.com/opinion/20190927/47661536493/laagonia-del-profesor.html (Adaptado)
Según el texto es CORRECTO afirmar que: