Nuevas manifestaciones multitudinarias con episodios violentos en Rio de Janeiro
Las calles de Rio de Janeiro volvieron a acoger en la tarde del lunes una manifestación multitudinaria que, por
primera vez en un mes, recordó a las que tomaron decenas de ciudades de Brasil durante los meses de junio y
julio, que llegaron a congregar en su día más intenso más de un millón de personas alrededor del país contra la
corrupción y por una mejora de los servicios públicos.
El lunes, unas 10.000 personas marcharon en apoyo a las protestas de los profesores en huelga, que vienen
exigiendo desde hace semanas mejoras en los salarios y en las condiciones de trabajo. La violencia también
volvió, no obstante, a ser protagonista.
Si la semana pasada las desproporcionadas cargas policiales alcanzaron a numerosos manifestantes pacíficos y
encendieron los ánimos, propiciando que se sumaran más personas a la protesta, en la tarde del lunes las imágenes
más impactantes fueron fruto del pillaje de algunas decenas de manifestantes después de la marcha pacífica.
Con centenares de manifestantes delante de la Cámara Municipal, algunos empezaron a lanzar fuegos
artificiales y un par de encapuchados prendían fuegos en las ventanas mientras decenas de ellos intentaban ocupar
el edificio.
El lanzamiento de un cóctel molotov provocó las primeras reacciones de la policía, que lanzó gas lacrimógeno
propiciando una primera dispersión. Después, la gran mayoría de manifestantes abandonó la región y un pequeño
grupo se dedicó a destruir agencias bancarias y un autobús fue incendiado.
Los profesores de la red municipal de Rio de Janeiro venían pidiendo mejoras desde hace meses y el
Ayuntamiento respondió la pasada semana con un reajuste que mejoraba en un 15% las retribuciones de todos los
profesionales de la educación. El grupo de docentes, sin embargo, representado por el Sindicato SEPE, lamentaba
que no se le hubiera escuchado en la cámara y que la ley hubiera sido redactada sin su apoyo ni el de la oposición
al gobierno municipal.
Asimismo, pedían que se contemplase la reserva de un tercio de la carga horaria para la preparación de las
clases y la elección democrática directa de los directores de los centros públicos. La brutalidad policial recibida
por los propios policías en recientes marchas entró también como queja en la convocatoria del acto.
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El grupo de docentes, sin embargo, representado por el Sindicato SEPE, lamentaba que no se le hubiera escuchado en la cámara y que la ley hubiera sido redactada sin su apoyo ni el de la oposición al gobierno municipal. (l. 19-21)