TEXTO:
Un dolor
Como todos sabemos, no se tiene mejor noticia
de estar vivo que cuando algo nos duele. Pero,
igualmente, aunque el dolor no sea muy vivo, se siente
como un aviso de que somos frágiles artefactos. Y lo
[5] constatamos con frecuencia cuando al despertarnos no
nos encontramos esa mañana del todo bien. No estamos,
lo que se dice, “redondos”. Lo redondo nos lleva a pasar
por el mundo como una bola, que es la figura que apenas
roza un punto con el plano por el que se desliza.
[10] Todo deslizamiento, en fin, lleva a la displicencia,
mientras que el roce escabroso obliga a registrar con
daño los suelos por los que discurre nuestro ser o
carricoche. El carricoche del ser.
El carricoche del ser, puesto que no contamos con
[15] mucho más que un pobre envoltorio para defendernos
de los accidentes y no poseemos un funcionamiento
muy resistente e insensible a los percances. La
vulnerabilidad del ser se aviene con la naturaleza muy
delicada de la vida y la debilidad del artefacto en su
[20] conjunto tiene que ver tanto con el carácter de su destino
mortal como de una sutileza imprescindible para ser
sabio. De hecho, la inteligencia es tan admirable por
ser tan compleja como inimaginable, inexplicable en su
composición de filamentos prácticamente invisibles. Tan
[25] imperceptibles orgánicamente que su fallo conduce a la
perplejidad y a la difícil reparación de la locura. Solo el
dolor de cabeza o cualquier dolor concreto sintetiza con
su aparente solidez el mágico hecho de la existencia. Y
no ya de la existencia como una longitud biográfica sino
[30] del existir como un éxtasis momentáneo de lo nunca
visto.
VERDU, Vicente. Un dolor. Disponível em: <http://www.elboomeran.com/ blog/11/blog-de-vicente-verdu/> Acesso em: 13 jul. 2014. Adaptado
En el texto, el autor