TEXTO:
El primer alimento del día
Si hay una primera conclusión que se saca de las
últimas investigaciones sobre la comida más temprana
del día, es que antes de reservar un hotel con desayuno
preguntemos: ya, pero ¿con qué desayuno? Digamos
[5] que ese sería el consejo de Leigh Gibson, un biopsicólogo
de la Universidad de Roehampton (Londres), cuyo
afán, después de analizar estudios de los últimos 25
años sobre la “alimentación” del cerebro, es desmentir
lo que él llama “el mito del subidón de azúcar”.
[10] Hay que entender algunas cosas que cuenta
para saber por qué lo dice. El combustible principal
del cerebro es la glucosa que el cuerpo extrae de los
carbohidratos. Pero no hay una relación directa entre
hartarse de azúcares y salir hecho un toro, porque
[15] nuestro cuerpo es sabio y regula el nivel de azúcar
en la sangre según sus necesidades. Por un lado, si
el organismo detecta una subida de glucosa, él mismo
provoca al rato una bajada de azúcar para compensarla.
Así que el pretendido efecto de resistir con garbo toda
[20] la mañana puede acabar en fiasco.
Y al revés: el hígado es muy previsor y, si nos falta
glucosa, él siempre tiene unas reservas en forma de
glicógeno que, cuando le interesa, rompe para volver a
verterlas en el torrente sanguíneo.
[25] Otro mecanismo casi idéntico de control de la
“gasolina” para la mente está en el propio cerebro.
Hace poco más de diez años se descubrió que ciertas
células cerebrales también guardan esos paquetitos
de glicógeno por si hicieran falta; pero hay que darle
[30] mucho trabajo y durante muchas horas al intelecto para
que estas reservas se liberen. Todo ello parece indicar
de nuevo que nuestro afán de azucararnos la mañana
puede ser en balde, porque es el organismo quien
decide.
LOVETT, Richard y TORRE, Iñaki de la. La otra cara del desayuno. 2 out. 2007. Disponível em: http://www.quo.orange.es/quo/ reportajes/42861.html. Acesso em: 14 abr. 2019. Adaptado.
Sobre la glucosa, dice el texto que