Muy señor mío:
Si Vmd. vio mi respuesta al Doctor N. en ella conocería, que en orden al decantado remedio del uso copioso de agua, no tomo partido, ni puedo tomarle, por no haberle visto practicar jamás; y en materia de Medicina, ninguna regla admito como segura, sino la colección bien reflexionada de muchos experimentos.
Algunas noticias, ya leídas, ya oídas, que he adquirido, me representan probabilísimo, que el uso copioso, y aun copiosísimo del agua, sea muy útil en varias enfermedades, y circunstancias; mas estoy muy lejos de pensar que lo sea en todas; y Vmd. prueba sin duda solidísimamente, que no en pocas será, no solo inútil, sino nocivo. […]
Tanto los que patrocinan el agua, como los que la impugnan, alegan experimentos. Aquellos dicen, que vieron tales, y tales, que bebiendo copiosamente agua, mejoraron: estos, que vieron tales, y tales, que, bebiendo copiosamente agua, perecieron. Unos, y otros dicen verdad; pero esta verdad nada prueba, ni a favor de unos, ni de otros: como ni prueba a favor de la sangría, el que muchos que se sangran mejoren; ni contra ella, el que muchos que se sangran mueran. Es menester para uno, y para otro averiguar en qué estado se hallaban, así los que sanaron, como los que murieron; porque, pongo por ejemplo: doy, que de doce deplorados hidrópicos, que usan el remedio de la agua, mueran seis, y seis se curen: ¿diremos por eso, que están empatadas las pruebas? Nada menos, antes este hecho calificaría de un insignísimo remedio al agua. Al contrario, si de doce hidrópicos, al parecer curables, y que se hallan en estado de vivir aun muchos meses, usando el agua cuatro, o seis, muriesen dentro de pocos días, debería reputarse antes veneno, que medicina. Generalmente es necesario examinar atentísimamente todas las circunstancias, y combinar exactamente sucesos adversos, y prósperos, para fundar pruebas seguras en los experimentos.
Mucho tiempo ya tengo advertido, que en materia de Medicina Práctica, y aun en otras, sucede muchas veces, que un Autor no puede explicar todo lo que entiende.
El discernir en los lances ocurrentes cuando conviene usar de tal, o tal remedio, depende, no solo de reglas estudiadas, pero aún más de cierta delicadeza del juicio, cierta perspicacia genial, que no puede explicarse en preceptos, ni trasladarse al papel. El que careciere de esta penetración nativa, nunca será buen Médico, aunque tenga de memoria todos los mejores Autores de Medicina; porque aquella indispensable prenda, ni se adquiere, ni se suple con el estudio. Por esto acaece en la Medicina lo que en la Política. […] Y es, que uno, y otro Arte requiere, fuera de los preceptos generales, una prudencia sagaz, que represente lo que se ha de hacer, y cómo se ha de hacer.
Si el señor Doctor N. (como yo lo creo) es dotado de esta natural perspicacia para el uso del remedio del agua, podrá aplicarle oportunísimamente; y con todo no podrá instruir a otros, o ponerlos a fuerza de reglas en estado de imitar sus aciertos. […]
Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) - Cartas eruditas y curiosas. Tomo primero. Disponible en: <http://filosofia.org/bjf/bjfc114.htm >. Acesso em 25 abr. 2016. Adaptado. .
Assinale a alternativa CORRETA sobre a prática da medicina, segundo o autor da carta.