Su última entrevista concedida
[1] En 2005, Gabriel García Márquez recibió en su casa a Xavi Ayén,
periodista español quien tendría la última entrevista que el Nobel le
concedería a un medio.
“Este año 2005 me lo he tomado sabático. No me he sentado ante la
[5] computadora. No he escrito una línea. Y, además, no tengo proyecto
ni perspectivas de tenerlo. No había dejado nunca de escribir, este
ha sido el primer año de mi vida en que no lo he hecho. Yo trabajaba
cada día, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde,
decía que era para mantener el brazo caliente…, pero en realidad
[10] era que no sabía qué hacer por la mañana”, dijo.
Sobre una segunda publicación de sus memorias, respondió que
no valdría la pena mencionar ciertas relaciones personales que no
recordaba con buenos ojos. “El primer tomo, Vivir para contarla,
es exactamente lo que yo quería. En el segundo, me encontré una
[15] cantidad de gente que tenía que aparecer, y que, caramba, no quiero
que estén en mis memorias. No sería honrado dejarles fuera, porque
fueron importantes en mi vida, pero no me caen bien”, contó.
Como en otras ocasiones, el escritor hizo referencia a la fama
como una condición que condena a las personas a la soledad. “La
[20] fama estuvo a punto de desbaratarme la vida, porque perturba el
sentido de la realidad, tanto como el poder”. Y acerca de su conocida
timidez, el Nobel terminó la entrevista con esta frase: “¿Mi timidez?
Tengo la gran ventaja de que ahora la gente entra en esta casa ya
intimidada… y así me va mejor”.
ElPaís.es
[1] En 2005, Gabriel García Márquez recibió en su casa a Xavi Ayén,
periodista español quien tendría la última entrevista que el Nobel le
concedería a un medio.
“Este año 2005 me lo he tomado sabático. No me he sentado ante la
[5] computadora. No he escrito una línea. Y, además, no tengo proyecto
ni perspectivas de tenerlo. No había dejado nunca de escribir, este
ha sido el primer año de mi vida en que no lo he hecho. Yo trabajaba
cada día, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde,
decía que era para mantener el brazo caliente…, pero en realidad
[10] era que no sabía qué hacer por la mañana”, dijo.
Sobre una segunda publicación de sus memorias, respondió que
no valdría la pena mencionar ciertas relaciones personales que no
recordaba con buenos ojos. “El primer tomo, Vivir para contarla,
es exactamente lo que yo quería. En el segundo, me encontré una
[15] cantidad de gente que tenía que aparecer, y que, caramba, no quiero
que estén en mis memorias. No sería honrado dejarles fuera, porque
fueron importantes en mi vida, pero no me caen bien”, contó.
Como en otras ocasiones, el escritor hizo referencia a la fama
como una condición que condena a las personas a la soledad. “La
[20] fama estuvo a punto de desbaratarme la vida, porque perturba el
sentido de la realidad, tanto como el poder”. Y acerca de su conocida
timidez, el Nobel terminó la entrevista con esta frase: “¿Mi timidez?
Tengo la gran ventaja de que ahora la gente entra en esta casa ya
intimidada… y así me va mejor”.
ElPaís.es
[1] En 2005, Gabriel García Márquez recibió en su casa a Xavi Ayén,
periodista español quien tendría la última entrevista que el Nobel le
concedería a un medio.
“Este año 2005 me lo he tomado sabático. No me he sentado ante la
[5] computadora. No he escrito una línea. Y, además, no tengo proyecto
ni perspectivas de tenerlo. No había dejado nunca de escribir, este
ha sido el primer año de mi vida en que no lo he hecho. Yo trabajaba
cada día, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde,
decía que era para mantener el brazo caliente…, pero en realidad
[10] era que no sabía qué hacer por la mañana”, dijo.
Sobre una segunda publicación de sus memorias, respondió que
no valdría la pena mencionar ciertas relaciones personales que no
recordaba con buenos ojos. “El primer tomo, Vivir para contarla,
es exactamente lo que yo quería. En el segundo, me encontré una
[15] cantidad de gente que tenía que aparecer, y que, caramba, no quiero
que estén en mis memorias. No sería honrado dejarles fuera, porque
fueron importantes en mi vida, pero no me caen bien”, contó.
Como en otras ocasiones, el escritor hizo referencia a la fama
como una condición que condena a las personas a la soledad. “La
[20] fama estuvo a punto de desbaratarme la vida, porque perturba el
sentido de la realidad, tanto como el poder”. Y acerca de su conocida
timidez, el Nobel terminó la entrevista con esta frase: “¿Mi timidez?
Tengo la gran ventaja de que ahora la gente entra en esta casa ya
intimidada… y así me va mejor”.
ElPaís.es
La palabra desbaratarme (línea 20) puede ser sustituida por