TEXT I
Los términos derechas e izquierdas, a pesar de su carácter difuso, de su indeterminación, siguen siendo orientativos a la hora de observar el mapa político de un país. Lo que sucede es que no bastan para delimitar de forma exacta ni las fronteras que separan las distintas ideologías y actitudes políticas, ni tampoco para describir los valores e intereses que tras ellas se esconden. El nacimiento de esta dicotomía se suele atribuir a la posición de los diputados en la Asamblea durante los años de la Revolución Francesa: a la derecha de la presidencia se sentaban los absolutistas y a la izquierda los revolucionarios (es decir, los liberales, aunque entonces aún no se les designara con este nombre). Ese parece ser el origen de estos términos. Aunque si estudiamos el período, ni siquiera allí la distinción era clara. Muchos liberales de 1789 fueron perseguidos y guillotinados: de la izquierda habían pasado, sin moverse, a ser considerados de derechas por sus antiguos compañeros.
Por tanto, derecha e izquierda quizás sirvan históricamente como orientación general para distinguir dos bloques diferenciados, pero si esta distinción no se matiza ni concreta, el esquema puede llegar a simplificarse tanto que analíticamente sea poco útil. Sólo queda su valor emocional: “¡soy de derechas!”, “¡soy de izquierdas!”. A la utilización como justificación del verbo “ser”, tan metafísico, se le puede añadir “¡como mi padre y como mi abuelo!”, todo lo cual puede resultar psicológicamente reconfortante para quien lo proclama, pero, en todo caso, presupone un enfoque muy poco racional, excesivamente sentimental, una actitud más estética que política.
Abc.es
Por tanto, derecha e izquierda quizás sirvan históricamente como orientación general para distinguir dos bloques diferenciados, pero si esta distinción no se matiza ni concreta, el esquema puede llegar a simplificarse tanto que analíticamente sea poco útil. Sólo queda su valor emocional: “¡soy de derechas!”, “¡soy de izquierdas!”. A la utilización como justificación del verbo “ser”, tan metafísico, se le puede añadir “¡como mi padre y como mi abuelo!”, todo lo cual puede resultar psicológicamente reconfortante para quien lo proclama, pero, en todo caso, presupone un enfoque muy poco racional, excesivamente sentimental, una actitud más estética que política.
Abc.es
Cuando el autor dice que el verbo ser es “tan metafísico” él quiere decir que su uso y significados son