Mi primer paciente se salvó. Al darle de alta me dijo: Gracias por esta nueva oportunidad de vivir"
Luis Alberto Cervera Caballero (36)
Médico gastroenterólogo del Hospital Rebagliati
Comparto mi experiencia atendiendo pacientes con Covid-19 en el Hospital Rebagliati.
Día 71: se ampliará la cuarentena un mes más. Recuerdo la primera vez que entré a la sala covid-19.
Mi jefa me había llamado dos días antes para decirme que se había adelantado la fecha para ingresar a esa área. Seríamos los primeros cuatro gastroenterólogos del hospital en ir. Nos sentíamos gladiadores romanos luchando en la arena a manera de "tributos al emperador". Y aunque todos deseábamos con ansias cumplir con nuestro deber, no puedo negar que me generaba algo de ansiedad, incluso miedo. Esa noche dormí solo dos horas.
Ese día conversé con mis padres. Todos somos médicos y sabíamos lo que teníamos que hacer, pero aun así estábamos asustados. Al día siguiente, redoblamos las medidas de seguridad: trapos de lejía bajo la puerta, alcohol gel en todos los pisos, mascarillas obligatorias, cubiertos diferentes para todos y mayor distanciamiento.
En el hospital se nos dio el equipo de protección personal y nos lo pusimos como pudimos -habíamos visto un video tutorial de Youtube de enfermería del hospital Almenara horas antes-, una suerte de traje espacial, incómodo, que nos sofocaba. Era difícil respirar a través de la mascarilla y los lentes protectores nos impedían ver porque se empañaban constantemente. Mi cabeza retumbaba y se llenaba de vapores.
Pero esta es nuestra armadura medieval contra un enemigo invisible y letal. La experiencia de ponerse ese equipo y sacárselo es casi religiosa.
Nunca olvidaré a mi primer paciente. Entré a su habitación, temeroso; a tres metros de distancia le pregunté cómo estaba. Ahogándose me contestó "mejor que ayer, doctor". Aun así, este señor limeño de 60
años, me contó que su esposa había fallecido hacía tres semanas debido a un cáncer de páncreas y que él y toda su familia se habían infectado por covid-19 en el entierro. Su padre murió una semana después por el virus. Su hijo estuvo hospitalizado y él, hasta ese momento, luchaba por su vida. No tenía contacto con sus familiares desde hacía dos semanas ni había entablado conversación alguna con nadie.
Los días pasaban y ya estábamos más curtidos: nos habíamos memorizado los protocolos y nos mandábamos los últimos artículos por WhatsApp. Las cosas mejoraron. Las deficiencias se sanearon. Estábamos orgullosos de lo que habíamos logrado. En los días venideros, muchos pacientes fueron dados de alta felices de volver a casa junto a sus seres queridos.
Mi primer paciente se salvó. Al darle de alta me miró por encima de su mascarilla y dijo: "Gracias. Gracias por estar aquí. Estoy seguro de que esto no es fácil para ninguno de ustedes y quiero que sepan lo agradecido que estoy por esta nueva oportunidad de vivir".
Nuestra sanidad se tambalea, la cuarentena "focalizada" o "inteligente" es un cuento. Ojalá este mes adicional de cuarentena nos sirva para aplanar la curva y así poder salvar más vidas siempre pensando que "a pesar de que el mundo está lleno de sufrimiento, también está lleno de personas valientes que están superando ese sufrimiento".
Disponible en: https://ojo-publico.com/1745/diario-de-lacuarentena-las-historias-de-todos. Acceso en 30 de junio de 2020.
El sintagma “ese día”, con el que empieza el párrafo 4, se refiere al día en el que