En la ONU, Rusia se apresura lentamente. Sus dirigentes están convencidos de que la CIA estimuló los grupos terroristas islamistas desde los años 1950, grupos que hoy amenazan no sólo la estabilidad regional sino incluso los intereses de los propios Estados Unidos. Como ya explicó Vladimir Putin el año pasado, ante el Club de Valdai, es por lo tanto conveniente que todos trabajen juntos en aras de resolver el actual conflicto.
Pero los dirigentes rusos también están convencidos de que Washington sólo escucha a sus socios si estos son fuertes. Por eso el Parlamento ruso debatió y aprobó una intervención militar contra los grupos terroristas que operan en Siria. Se trata de la segunda intervención exterior de la Federación Rusa desde 1991 –la primera fue la guerra de Osetia del Sur, en 2008. En cuanto se aprobó la operación, los bombarderos rusos despegaron desde Latakia y destruyeron varias instalaciones de al-Qaeda y del grupo Ahrar Al-Sham. Esta intervención es muestra de la voluntad rusa de asumir un papel en el Medio Oriente, no en contra de Estados Unidos sino junto a esa potencia. Lejos de desafiar al presidente Obama, Rusia intenta –por el contrario– prestarle la asistencia militar de la que el inquilino de la Casa Blanca ha estado careciendo debido a los enfrentamientos internos que hoy se registran en el Pentágono.
http://www.voltairenet.org/es, acesso em 01/05/2015.
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