De acuerdo con el texto, conteste la cuestion
La siesta es algo tan cotidiano que no se le da el valor que merece. Es ahora cuando esta (no) actividad comienza a recomendarse como ejercicio saludable.
Desde mucho antes de que Al Gore pontificase sobre las maldades del cambio climático y sus bochornosas consecuencias, las calles de cualquier pueblo o ciudad española a las tres de la tarde en verano ya eran un territorio inhóspito, únicamente habitable por especies autóctonas aclimatadas a esas asfixiantes temperaturas, como las mel(odiosas) chicharras o los obreros de la construcción.
La siesta es algo típicamente español, el deporte nacional por antonomásia, que imprime carácter y ha hecho patria allende nuestras fronteras, conformando una de nuestras señas de identidad, junto a otras insignes aportaciones que son la envidia y asombro del foráneo, como la tortilla de patata, el porrón de tinto, el flamenco, los toros, el futbolín y la fregona. El insigne Nobel de las letras, Camilo José Cela, bautizó a la siesta con el nombre de “yoga ibérico” y tanto la palabra como la costumbre de echar un sueñecito a media tarde se apuntan en “el haber” del abundante legado de los romanos, que acostumbraban a descansar a la hora sexta, que trasladada a nuestro uso horario vendría a equivaler a las dos o tres de la tarde, precisamente para preservarse de la canícula estival de Hispania.
Lejos de parecer un ejemplo de pereza, dormir un rato por la tarde ayuda a recuperar una actividad cerebral plena después de una jornada ocupada en la tareas cotidianas. Esta breve desconexión, además de favorecer una digestión más reposada, actúa de forma positiva a la hora de pensar, argumentar o tomar decisiones para lo que resta del día.
Punto y Coma Nº 13
La siesta es algo típicamente español, el deporte nacional por antonomásia, que imprime carácter y ha hecho patria allende nuestras fronteras, conformando una de nuestras señas de identidad, junto a otras insignes aportaciones que son la envidia y asombro del foráneo, como la tortilla de patata, el porrón de tinto, el flamenco, los toros, el futbolín y la fregona. El insigne Nobel de las letras, Camilo José Cela, bautizó a la siesta con el nombre de “yoga ibérico” y tanto la palabra como la costumbre de echar un sueñecito a media tarde se apuntan en “el haber” del abundante legado de los romanos, que acostumbraban a descansar a la hora sexta, que trasladada a nuestro uso horario vendría a equivaler a las dos o tres de la tarde, precisamente para preservarse de la canícula estival de Hispania.
Lejos de parecer un ejemplo de pereza, dormir un rato por la tarde ayuda a recuperar una actividad cerebral plena después de una jornada ocupada en la tareas cotidianas. Esta breve desconexión, además de favorecer una digestión más reposada, actúa de forma positiva a la hora de pensar, argumentar o tomar decisiones para lo que resta del día.
Punto y Coma Nº 13
Lejos de parecer un ejemplo de pereza, dormir un rato por la tarde ayuda a recuperar una actividad cerebral plena después de una jornada ocupada en la tareas cotidianas. Esta breve desconexión, además de favorecer una digestión más reposada, actúa de forma positiva a la hora de pensar, argumentar o tomar decisiones para lo que resta del día.
Punto y Coma Nº 13
Según el texto echarse la siesta